El auge de la inteligencia artificial obliga al sector de salud y vida a repensar pólizas, responsabilidades legales y criterios de evaluación
Por Antonio Gómez
Especial para Seguros y Finanzas
SAN JUAN, Puerto Rico – La creciente adopción de inteligencia artificial (IA) en el sector salud representa un reto mayúsculo para las aseguradoras de salud y vida. Estas deben reevaluar sus pólizas y redefinir el concepto de “riesgo” en un entorno donde las decisiones médicas ya no están exclusivamente en manos humanas.
“La pregunta que nos tenemos que hacer los que analizamos riesgos —desde lo legal o lo asegurador— es: ¿qué riesgo van a asumir, y a qué costo?”, planteó el Lcdo. Salvador Rovira en el Foro de Seguros de Salud y de Vida, organizado por ACODESE.
Rovira advirtió que, ante la ausencia de marcos regulatorios específicos, corresponderá a los tribunales definir qué constituye un uso inapropiado de la IA. También urgió a comenzar a identificar a los nuevos responsables con nombre y apellido. “Hasta hoy, el médico o el hospital eran los responsables. ¿Quién lo será ahora?”, cuestionó.
En el plano práctico, se preguntó cuánto incrementará el costo de una póliza profesional. “¿A quién va a demandar el paciente si la IA falla: al médico, al desarrollador o al hospital que permitió su uso?”, inquirió.
Otro reto legal gira en torno al consentimiento informado. Rovira recordó que esta doctrina exige que el paciente reciba toda la información necesaria para aceptar un tratamiento. “¿Cómo explicará el médico que una entrevista artificial hizo el diagnóstico? No va a poder explicarlo”, advirtió.
Esto obligará a ampliar los contenidos del consentimiento, de modo que el paciente conozca y apruebe el uso de IA en su diagnóstico o tratamiento.
Pese a todo, Rovira subrayó que la IA no debe verse como una amenaza, sino como una revolución que exige responsabilidad y ética. “La inteligencia artificial llegó para quedarse y está transformando no solo el ecosistema de salud, sino todos los sectores económicos. Debemos avanzar con innovación, pero también con profundo respeto por la vida humana”.
Entre los riesgos asociados a la tecnología, se identifican los algoritmos sesgados (bias), la falta de transparencia de la llamada “caja negra”, la automatización no supervisada, la privacidad de datos, las percepciones erróneas del paciente y los déficits de información.
En este nuevo contexto, las aseguradoras deberán liderar la creación de marcos éticos y técnicos para garantizar que la IA se integre de manera segura y justa, preservando la confianza del público y la viabilidad del negocio.




