La ex cirujana general de Estados Unidos exhortó a los médicos becados a preservar el humanismo, cuidar su propia vida y regresar a servir a Puerto Rico
SAN JUAN, Puerto Rico
La Dra. Antonia Coello Novello, primera mujer y primera persona hispana en ocupar el cargo de cirujana general de Estados Unidos, exhortó a una nueva generación de profesionales de la salud a no permitir que la tecnología, las presiones administrativas y el agotamiento profesional desplacen el principio que, a su juicio, debe permanecer inalterable en la medicina: el paciente es primero.
Su mensaje estuvo dirigido a médicos residentes y estudiantes de profesiones de la salud reconocidos durante la entrega de 37 becas suplementarias de la Fundación Triple-S y la Fundación para el Futuro de la Salud. Ambas organizaciones destinaron conjuntamente $536,500 a la formación en áreas de alta demanda en Puerto Rico.
Coello Novello recurrió a su propia historia para explicar por qué considera indispensable preservar la dimensión humana de la profesión. Relató que nació con la enfermedad de Hirschsprung, conocida también como megacolon congénito, y que fue operada en Puerto Rico a los 18 años. Según narró, aquella intervención provocó graves complicaciones y posteriormente tuvo que someterse a varias operaciones en la Clínica Mayo.
La experiencia ocurrió en una etapa en la que comenzaba a construir su vida adulta y dejó, según reconoció, cicatrices físicas y emocionales. También determinó la clase de médica que quería llegar a ser.
“Me prometí al salir de la Clínica Mayo que yo iba a ser un médico como el que me operó, que yo trataría a los pacientes con respeto y con la verdad, que me sentaría a escuchar, pero sobre todo jamás los abandonaría a su suerte”, recordó.
Graduada de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, Coello Novello desarrolló posteriormente una carrera en pediatría y salud pública que la llevó en 1990 a convertirse en la decimocuarta cirujana general de Estados Unidos. Desde esa trayectoria, planteó ante los becados que la medicina ha avanzado extraordinariamente en ciencia, pero corre el riesgo de retroceder en el arte de atender al ser humano.
“Hoy medimos todo, pero escuchamos muy poco”, sostuvo.
La médica señaló que los récords electrónicos, las tareas administrativas y el uso creciente de la tecnología pueden apartar la atención del profesional del rostro de quien tiene enfrente. Advirtió que, si la ciencia termina minimizando el arte de la medicina, los médicos corren el riesgo de funcionar cada vez más como técnicos y menos como sanadores.

El desafío de la inteligencia artificial
“La inteligencia artificial puede diagnosticar, pero jamás puede consolar”, afirmó Coello Novello. “Tengo miedo de que en la presencia de tanto conocimiento y alta tecnología se pierda el alma de la medicina, porque la medicina sin alma puede curar cuerpos, pero en realidad no salva vidas”.
Su preocupación no se limitó a la tecnología. Habló del cansancio físico y emocional de los profesionales de la salud, las largas jornadas, la presión administrativa, la reducción de personal en clínicas y hospitales, la violencia verbal y física contra trabajadores de la salud y la salida de médicos de Puerto Rico. También advirtió sobre una práctica cada vez más fragmentada, en la que la continuidad del cuidado y el vínculo entre médico y paciente se debilitan.
Frente a ese escenario, defendió una formación médica que incorpore el humanismo desde sus primeras etapas. Planteó la necesidad de enseñar a escuchar activamente, desarrollar inteligencia emocional y ofrecer a los estudiantes oportunidades para conocer la vida de sus pacientes más allá de sus síntomas.
“El paciente no es un caso, sino un humano con un relato que merece ser oído”, expresó.
También destacó el papel de los mentores. A su juicio, los estudiantes aprenden tanto de la conducta que observan en sus profesores como de las enseñanzas formales que reciben. “La empatía se contagia más por el ejemplo de grandes mentores que por leer un libro de teoría”, sostuvo.
Coello Novello reservó parte de su mensaje para advertir a los jóvenes sobre el costo personal que puede imponer la profesión. Los instó a reconocer sus errores, pedir ayuda cuando sea necesario, cuidar sus relaciones y reservar tiempo para sus familias.
“La medicina es parte de tu propósito de vida, pero no es todo lo que tú eres”, les recordó.
Pero hubo un principio sobre el que no dejó espacio para dudas.
“El paciente es y será siempre lo primero. Su bienestar, su dignidad y su autonomía deben ser siempre el centro de toda nuestra atención”, afirmó.
Al concluir, la ex cirujana general llevó su mensaje directamente al futuro de la medicina en Puerto Rico. Exhortó a los nuevos profesionales a regresar después de completar su formación e incorporarse a las comunidades que depositaron su esperanza en ellos, recordándoles la responsabilidad de atender a una población que permaneció en la Isla durante el huracán María, los terremotos y la pandemia.
“No permitan que todo lo negativo que ustedes oyen o ven los disuada de una vida dedicada al cuidado de sus conciudadanos”, expresó.
Y cerró con una defensa de la profesión que escogieron: “La medicina y su arte no son perfectos, pero por Dios que sí vale la pena practicarla y vivirla”.





