La red incluye instalaciones en Puerto Rico y forma parte de un plan para elevar al 65% la superficie certificada de sus grandes edificios en propiedad para 2030
Mapfre cuenta con 26 edificios certificados bajo estándares internacionales de sostenibilidad en ocho países, como parte de una estrategia para reducir el consumo de recursos, mejorar la eficiencia energética y disminuir su huella ambiental.
La red incluye instalaciones en Puerto Rico, además de la Torre Mapfre en Barcelona, inmuebles corporativos en Madrid y Majadahonda, la Torre Reforma en Ciudad de México y sedes en Lima, Asunción y Estambul. También figura el edificio Dixon House, en Londres.
El porcentaje de superficie certificada de los grandes edificios propiedad de la compañía pasó del 36% en 2022 al 58% en 2025. La meta de la aseguradora es alcanzar el 65% en 2030.
Como parte de su Plan de Huella Ambiental 2030, Mapfre se comprometió a que todas sus nuevas construcciones y grandes reformas aspiren a obtener certificaciones reconocidas internacionalmente, como LEED, BREEAM o ENERGY STAR.
Los criterios incluyen la reducción del consumo energético, el uso de energía renovable, la gestión eficiente del agua y la calidad de los espacios interiores, además de consideraciones ambientales en el diseño, la construcción y la operación de los inmuebles.
Entre las incorporaciones a su cartera figura el edificio Ombú, adquirido en Madrid en 2025. El inmueble integra 12,000 metros cuadrados de zonas verdes y fue objeto de una reforma integral realizada por el estudio Norman Foster.
La estrategia inmobiliaria se complementa con iniciativas de energía renovable. Según los datos divulgados por Mapfre, el 89% de la electricidad que consumió en 2025 procedió de fuentes renovables, lo que permitió evitar la emisión de más de 12,000 toneladas de CO₂.
La compañía también informó que cuenta con 9,177 paneles solares instalados en varios países.
Mapfre indicó que su huella de carbono se sitúa un 24% por debajo de los niveles de 2022 y atribuyó parte de esa reducción a la optimización de los espacios de trabajo y las inversiones en eficiencia energética y energías renovables.
Su objetivo es reducir al menos un 30% su huella de carbono operativa para 2030, tomando 2022 como año de referencia.




