Entre la inercia del miedo y la urgencia de avanzar hacia un modelo energético moderno y resiliente
Por Dra. Edna Vázquez Bonnet
Presidenta de Bonnet Insurance Brokerage Corp.
Nuestra hermosa Isla del Encanto, que de encanto le queda poco, reconocida a nivel mundial por muchas cosas positivas, enfrenta desafíos profundos en el desarrollo económico, social y preventivo. Esto no es un secreto: la alta desigualdad en los servicios básicos cada vez es más notable, pero poco se hace para anticipar y planificar.

La realidad es que vivimos desactualizados y con miedo en muchas áreas. Son muchos los países que nos llevan la delantera, como nuestro país vecino, al que antes llegaban yolas todos los días a nuestras costas y que hoy nos sobrepasa en desarrollo. La República Dominicana se encuentra desarrollando uno de sus proyectos más ambiciosos, el Tren Metropolitano de Santo Domingo, cuya meta es transportar 2,500 pasajeros por hora y 30,000 diarios. Ni hablar de su modernización de carreteras y su excelente servicio en el área de turismo. RD, como lo conocemos, es un atractivo para grandes inversionistas extranjeros, quienes invierten en viviendas, hoteles y hospitales.
En estos días, sentada en mi oficina, desde donde se puede apreciar San Juan, Carolina y Condado, me puse a observar los postes que carecían de luz y, la verdad, les puedo decir que es impresionante. La oscuridad poco a poco nos arropa sin darnos cuenta. Con total certeza, necesitamos inspiración y luz en figuras como Marie Curie, símbolo poderoso de lo que es la transformación energética y ganadora de dos premios Nobel, en Física y Química. Figura que no tan solo es mujer, sino que representa ciencia, evidencia y rigor. Su trabajo me inspira como mujer puertorriqueña y empresaria. La figura de la mujer es poderosa y válida para estos tiempos, oportunidad que Marie Curie no tuvo y que enfrentó con muchos tropiezos. Por eso somos afortunadas de poder aportar a la sociedad de forma libre y voluntaria.
Erradicar la aceptación social, que es el obstáculo mayor que se tiene en Puerto Rico cuando se habla de renovación energética, salud mental, seguridad y riesgos, debe ser nuestra voz. Se nos olvida que, sin electricidad, la salud y la seguridad de una población quedan gravemente comprometidas. Sin electricidad no hay progreso ni desarrollo, y aquí es donde debemos identificar, evaluar y controlar los riesgos a los que nos enfrenta esta situación. La electricidad es esencial y, teniéndola de forma intermitente, hacemos muy poco.
Haciendo referencia a la Orden Ejecutiva 14299 del presidente Donald Trump, este se compromete a cuadruplicar la capacidad energética con energía nuclear.
El presidente va tras una América más fuerte y segura. La historia y los resultados demuestran la determinación de esta nación; nunca descansaron hasta llegar a la Luna, y eso debe ser motor inspirador para nosotros.
Hoy, Estados Unidos, en 2026, tiene 54 plantas nucleares operando con éxito. De igual forma, el Ejército ya se encuentra desarrollando microrreactores nucleares portátiles en el marco del Programa Janus. Asimismo, para continuar con la expansión, nueve son las bases militares que instalarán reactores nucleares: Fort Benning, Fort Bragg, Fort Campbell, Fort Drum, Fort Hood, Fort Wainwright, Holston Army Ammunition Plant, Joint Base Lewis-McChord y Redstone Arsenal. Estos reactores nucleares son mil veces más pequeños que los antiguos. Estos microrreactores, de fácil despliegue, pueden producir hasta 20 megavatios de electricidad, ayudando así a proteger las bases de fallos en la red y de ataques cibernéticos o físicos a la infraestructura energética civil.
No vayamos muy lejos. Ante la realidad que vivió Venezuela, tuvimos en nuestras narices al portaaviones más grande del mundo en aguas del Caribe, el USS Gerald R. Ford, que contiene dos reactores nucleares, cada uno con 700 MV, y nada explotó. Este es el mismo portaaviones que se encamina del mar Caribe hacia Oriente Medio, pues Trump tiene problemas con Irán por el apoyo de este a Hamás y Hezbolá. Este portaaviones puede trasladarse sin problemas, pues su combustible tiene capacidad de reusarse por tres años sin la necesidad de la intervención de algún recurso humano, gracias a su combustible de uranio enriquecido.
Imaginen que EE. UU. hubiera utilizado gas natural para efectuar el operativo contra Maduro y que, en medio de este, se quedaran sin combustible; definitivamente, la misión hubiera sido un fracaso. Pero no fue así. La operación fue estratégicamente bien planificada. EE. UU. manejó todos los posibles riesgos científicamente y tener energía ininterrumpida y estable era indispensable para lograrlo. La energía nuclear utiliza uranio y torio, elementos que podemos reciclar por varios años; sin embargo, el gas natural no. Analicemos sobre esto.
En nuestro 100×35 son muchas las opiniones, pero la realidad es que requerimos con urgencia reforzar nuestro sistema eléctrico y evitar las fallas en las redes eléctricas. Cada vez que nos quedamos sin electricidad, los incidentes más peligrosos son las interrupciones en los servicios de salud, seguridad, bancos de datos y transporte aéreo.
Al presente, la Comisión de Desarrollo Económico dirige una investigación formal, convocando expertos para evaluar viabilidad técnica, económica y de seguridad. Enfrentar la ignorancia es nuestra única salvación. Si continuamos pensando en lo que ocurrió en Chernóbil como el peor accidente nuclear de la historia, probablemente nunca haremos nada. Todo se reduce al hecho de que, después de este accidente, la industria aprendió mucho sobre seguridad nuclear. Se agregaron tantos protocolos de seguridad y se cambiaron las regulaciones. Hoy día, los reactores nucleares modernos están diseñados para ser seguros. Lo que significa que se apagan automáticamente si algo sale mal. De esta forma, hay mucho menos espacio para que ocurra un error humano.
El desconocimiento técnico sobre cómo funciona un reactor es impresionante. En P. R. se menciona la palabra reactor nuclear y rápido piensan en peligro de explosión. Es por ahí por donde debemos comenzar. Los “Pequeños Reactores Modulares” o SMR (Small Modular Reactor) son una tecnología nueva de energía nuclear que se caracteriza por su diseño modular y de menor tamaño. Utilizan torio y uranio para la fisión nuclear y producir calor, que a su vez se utiliza para producir vapor que impulsa turbinas y genera electricidad.
Construir un SMR brinda, a largo plazo, la producción de energía más económica debido a su diseño más eficiente y de menor costo operacional. En Puerto Rico se paga la energía a una tarifa residencial de .26 centavos por kWh, mientras que en Florida se paga 15.77 kWh en tarifa residencial y 11.55 kWh en tarifa comercial. Sus 3 a 5 años de construcción son ventajosos para nuestra realidad actual. Su tamaño compacto es otra ventaja, ya que permite que se instalen en lugares donde grandes plantas nucleares no son viables, facilitando la integración en comunidades más pequeñas. Otra manera de traslación es en barcazas, gracias a su tamaño compacto.
También, su generación de entre 50 y 300 megavatios eléctricos (MWe) por unidad puede abastecer a ciudades o grandes instalaciones industriales, proporcionando electricidad a zonas rurales o remotas. Los “mini reactores nucleares” tienen menor riesgo de susceptibilidad a fallos, lo que aumenta su confiabilidad debido a su diseño con tecnología moderna de seguridad extrema. Igualmente, son aliados en la lucha contra el cambio climático, reciclando el uso de uranio en usos múltiples.
Ante el panorama de incertidumbre que vivimos, es determinante realizar un análisis holístico de los riesgos que enfrentamos como país cada vez que hay un apagón, cuánto perdemos de producir y el trabajo que se daña. Hay que pensar hacia dónde vamos. Diseñar un protocolo, capacitar personal designado e implementar estrategias. Esto no solo nos beneficiará a esta generación, sino a las próximas generaciones. Nuestro enfoque debe estar en asegurar la resiliencia, la seguridad y la productividad de nuestro país. Además, no podemos seguir alimentando el miedo, pues esto nos mantiene inmóviles.
Para comenzar a tejer un país libre de los miedos, debemos comenzar con el individuo de a pie, el trabajador y las empresas, que ya a estas alturas requieren un llamado a la planificación y la ejecutoria. Si queremos tener éxito, hay que estudiar los riesgos que nos impiden llegar a él y derrotarlos o protegernos de ellos correctamente. Nuestra industria de seguros provee mecanismos para asegurar todos los riesgos en todos estos procesos, facilitando así la actividad económica para toda la reconstrucción que Puerto Rico necesita.
En arroz y habichuela, a nivel mundial los gobiernos y las empresas están comenzando a empatizar, a ver mucho más allá, buscando así el bienestar y la seguridad, antes que nada.
El enfoque es manejar los riesgos psicosociales. Algunos de los riesgos dañinos, y muchas veces invisibles, que amenazan la salud mental son: la sobrecarga y el ritmo acelerado, las dificultades para equilibrar la vida laboral y personal, el liderazgo tóxico, las demandas excesivas y la inseguridad laboral, la cultura organizacional negativa, la violencia, el acoso y el bullying. Estos riesgos, algunos de ellos asegurables, suelen originarse por mal diseño de puestos y culturas de gestión poco saludables. Hay que adoptar la IA (Inteligencia Artificial) para ser más productivos.
En un informe realizado por Health Trends 2025, solo el 29% de las empresas tienen iniciativas efectivas para crear entornos psicológicamente seguros. En la isla, el 7.3% de la población adulta (18-64 años) padece de una condición seria de salud mental. Un 40% de los puertorriqueños reporta síntomas de ansiedad y depresión. Preocupantes son los resultados de suicidios en nuestro país: suman aproximadamente 230 personas al año. La gran inestabilidad energética ha afectado la ejecución de la vida diaria de la familia puertorriqueña por la irregularidad de la luz y hasta del agua.
Para protegernos ante esto, existe una gran diversidad de seguros que brindan protección económica y seguridad financiera ante eventos inesperados, cubriendo riesgos que podrían afectar la salud, la vida y el patrimonio del asegurado. Todo va entrelazado. Si no protegemos y manejamos planificadamente lo que tenemos, vamos a perder nuestro caudal. Si bien es cierto que los riesgos pueden suceder en cualquier momento, también es cierto que los mismos se pueden anticipar y manejar.
Sin lugar a duda, el panorama energético de Puerto Rico debe estar enclavado en la energía nuclear, siguiendo los pasos de las naciones líderes en el mundo actual. Es la ciencia misma el rumbo a seguir para lograr un desarrollo económico sostenible, pero mientras estemos enfermos de miedo e ignorancia nada se perfila para bien. Lo que debemos buscar es asegurar el bienestar de nuestro pueblo ante el presente escenario de Puerto Rico y esto, de seguro, nos llevará a tomar decisiones innovadoras de cambio que aseguren resolver el problema para siempre, con miras al éxito actual y futuro. Estamos a tiempo para dejar el miedo en la gaveta y adoptar los mini reactores nucleares y, de esta manera, resolver el problema de nuestra inestabilidad y costo energético para siempre.
Puerto Rico debe identificar mujeres científicas como Marie Curie para que, con la ciencia en mano, podamos tener en Puerto Rico los reactores nucleares pequeños, pues es lo que nuestra isla necesita para la estabilidad energética a largo plazo.




