La liquidez, el riesgo y la capacidad de pago de la aseguradora determinan cómo encaja el contrato en la planificación del retiro
Por José E. Maldonado Marrero
La preocupación por financiar un retiro que puede extenderse durante décadas está dando mayor presencia a las anualidades en la conversación financiera de Puerto Rico. Pero escogerlas únicamente por la tasa de interés puede dejar fuera condiciones que afectan el acceso al dinero y su rendimiento, advirtió Ramón Domenech Caraballo, vicepresidente de Universal Life Insurance Company.
En entrevista en el programa Seguros y Finanzas por Radio Isla 1320 AM, Domenech explicó que estos contratos pueden ayudar a acumular fondos y, según la modalidad y las opciones elegidas, convertirlos en ingresos durante la jubilación. Su función responde a un riesgo concreto: vivir más tiempo del que alcanzan los ahorros.
“Yo no quiero que mi vida sea más larga que mi dinero”, expresó.
La anualidad es un contrato entre una persona y una aseguradora. La forma de acumular valor, las garantías y las condiciones para recibir pagos dependen del producto. Por eso, el ejecutivo planteó que la selección debe partir de las necesidades del cliente, el tiempo disponible hasta el retiro y su disposición a asumir riesgos.
Entre las modalidades que discutió figuran las de interés fijo, las variables y las fijas indexadas. Las primeras ofrecen intereses garantizados conforme al contrato. Las variables vinculan el valor a opciones de inversión con alto potencial de rendimiento a largo plazo, pero que pueden registrar pérdidas. Las fijas indexadas acreditan intereses mediante una fórmula relacionada con un índice; no equivalen a invertir directamente en ese mercado ni necesariamente capturan todo su crecimiento.
Las garantías contractuales dependen de la capacidad de pago de la aseguradora. También es necesario distinguir la protección frente a movimientos del mercado de los cargos que pueden reducir el dinero disponible al retirar fondos.
Uno de los puntos que Domenech pidió discutir antes de contratar es la liquidez. El consumidor debe conocer cuánto puede retirar, cuándo puede hacerlo y qué ocurriría si necesita una cantidad mayor por una emergencia. Algunos contratos contemplan cargos por rescate o cancelación y ajustes por valor de mercado, que pueden modificar la suma recibida en determinados retiros.
Una tasa atractiva, sostuvo, no sustituye la revisión de esas condiciones ni de la solidez financiera de la compañía que asume las obligaciones. La comparación debe abarcar el contrato completo y la función que cumplirá ese dinero dentro de las finanzas personales.
El horizonte de uso también cambia la evaluación. Una persona que necesitará sus fondos próximamente tiene necesidades distintas de quien dispone de 15 o 30 años para acumular capital. Domenech rechazó que una misma solución pueda responder adecuadamente a todos esos casos y recomendó evaluar las alternativas con más de un profesional.
En Puerto Rico, agregó, el análisis debe incluir el tratamiento contributivo y el domicilio de la aseguradora. El consumidor debe discutir esos aspectos con un profesional cualificado y conocer las condiciones aplicables a su situación antes de atribuir beneficios contributivos al producto.
El ejecutivo recomendó comprobar las licencias de quien ofrece orientación. Las credenciales de seguros pueden verificarse con la Oficina del Comisionado de Seguros y, cuando corresponda a profesionales de valores, mediante los registros de FINRA.
Lee la edición impresa de octubre 2026







