Eduardo Criado, consultor de riesgo de Estructura, explica cómo los datos en tiempo real pueden proteger vidas, agilizar reclamaciones de seguros y reducir la interrupción de operaciones tras un desastre
SAN JUAN, Puerto Rico
A casi un mes del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, la emergencia no termina con las operaciones de búsqueda, rescate y asistencia humanitaria. Las autoridades enfrentan ahora otra decisión crítica: determinar cuáles hospitales, escuelas, viviendas, puentes, aeropuertos y edificios comerciales pueden volver a ocuparse de manera segura.
El balance oficial más reciente elevó a 5,398 el número de fallecidos y mantiene en 16,740 la cifra de heridos. Los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5, registrados el 24 de junio, dejaron además 17,907 personas sin vivienda, 856 edificios afectados y 190 estructuras colapsadas. Desde entonces, las autoridades han contabilizado 1,463 réplicas.
La magnitud de los daños evidencia una dificultad que se repite después de los grandes desastres: no existen suficientes ingenieros estructurales para inspeccionar simultáneamente cientos de propiedades y determinar cuáles pueden reabrir sin poner vidas en riesgo.
Eduardo Criado, consultor de riesgo de Estructura, sostuvo que esa incertidumbre puede prolongar el cierre de instalaciones esenciales, paralizar empresas y aumentar las pérdidas asociadas con la interrupción de negocios.
“¿Cómo se determina si un hospital está en condición de recibir personas después de un terremoto? No habrá suficientes ingenieros estructurales disponibles para inspeccionar inmediatamente todas las instalaciones”, señaló Criado durante una entrevista en el programa Revista Seguros y Finanzas por Radio Isla 1320.
El planteamiento también tiene implicaciones para Puerto Rico. Criado recordó que la isla se encuentra en una región de actividad sísmica y que, a diferencia de los huracanes, los terremotos no conceden varios días para activar planes de preparación.
Aunque las pólizas de propiedad pueden ofrecer cubierta para terremoto, Criado advirtió que la protección financiera entra en acción después de la pérdida. Por esa razón, considera indispensable combinar el seguro con prevención, mantenimiento y acceso a información confiable sobre las condiciones de cada estructura.
“Más importante que la póliza es la preparación, porque la póliza va a entrar después del evento”, afirmó.
Estructura ofrece un sistema permanente de sensores que recopila información sobre la aceleración, el desplazamiento, la inclinación, la rotación y otros movimientos de un edificio. Los equipos permiten observar cómo responde la estructura durante un terremoto, ante vientos intensos o frente a otras condiciones que puedan comprometer su integridad.
Criado comparó el sistema con la caja negra de un avión: un registro continuo que permite conocer qué ocurrió y cómo reaccionó la propiedad. Esa información complementa las inspecciones visuales y ayuda a identificar las áreas que requieren una evaluación técnica más detallada.
En Puerto Rico, según Criado, la tecnología ha sido instalada en el Tren Urbano y el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. También ha despertado interés entre condominios y propietarios de instalaciones donde se concentra un número considerable de personas.
Para la industria de seguros, el valor de estos datos trasciende la seguridad física. Una valoración tradicional establece cuánto costaría reemplazar una propiedad, pero no necesariamente revela cómo se comporta el edificio ni cuál es su condición estructural en un momento determinado.

El monitoreo puede aportar evidencia para evaluar daños, localizar posibles fallas y respaldar el manejo de una reclamación. También puede reducir la incertidumbre cuando una aseguradora, un ajustador o un ingeniero debe determinar si el evento produjo cambios significativos en la estructura.
Criado indicó que esa capacidad cobra particular importancia en hospitales, farmacéuticas, plantas manufactureras y otras instalaciones críticas. Mantener cerrada una operación mientras se espera una inspección puede representar pérdidas millonarias, activar cubiertas de interrupción de negocios y afectar servicios esenciales.
Por el contrario, contar con datos que indiquen que el edificio no experimentó cambios importantes puede acelerar las evaluaciones y apoyar una reapertura más ordenada. Cuando el sistema detecta una alteración, permite dirigir la inspección hacia el área que requiere atención, sin sustituir la evaluación de un ingeniero estructural.
La tecnología también tiene aplicaciones preventivas. Criado relató que, en un edificio comercial, el sistema identificó un cambio de peso en el techo después de lluvias intensas. Una inspección posterior encontró desagües obstruidos y una capacidad de drenaje insuficiente, lo que permitió intervenir antes de que la acumulación de agua provocara daños mayores.
El desastre en Venezuela demuestra que la resiliencia no depende únicamente de reconstruir después de una catástrofe. También exige conocer, con rapidez y evidencia, cuáles estructuras siguen siendo seguras, dónde se encuentran los daños y qué instalaciones deben recibir atención prioritaria.
Para Puerto Rico y su industria aseguradora, el mensaje de Criado es directo: una póliza ayuda a financiar la recuperación, pero la preparación, el mantenimiento y los datos estructurales pueden marcar la diferencia desde los primeros minutos de la emergencia.







